Mike Driquez no es un militar de carrera, pero hoy viste uniforme, porta un arma y vive en carne propia los riesgos de la guerra. Su historia es la de un diplomático que, tras años de representar a Israel en Costa Rica, eligió un nuevo frente: el campo de batalla.
Mike fue viceembajador y cónsul de Israel en Costa Rica entre 2018 y 2021. Desde esa posición promovió la diplomacia, el intercambio cultural y el fortalecimiento de las relaciones bilaterales. Hoy, sin embargo, su realidad es completamente distinta: vive en el sur de Israel —aunque no puede revelar la ubicación exacta por razones de seguridad— y forma parte activa del ejército israelí.
“El 7 de octubre del 2023 marcó un antes y un después. Ese día cambió la vida de todos los judíos. Sentimos en carne viva el odio brutal del terrorismo. Me despedí de la vida diplomática el en último verano, y después me puse voluntario en el ejército. La decisión de ser voluntario aunque tengo 46 años se tomó ese 7 de octubre cuando fui diplomático en el EEUU”, relató en una entrevista exclusiva con Impact Channel.
Su día a día ya no transcurre entre reuniones diplomáticas ni documentos oficiales. Ahora patrulla zonas de alto riesgo, entrena constantemente con su unidad y enfrenta amenazas reales.
“Cuando fui diplomático, sabía que al final del día iba a regresar a casa con mi familia. Hoy eso no está garantizado. Hoy salgo y no sé si voy a volver. Pero aun así lo hago, porque es necesario, ahora estoy en una unidad de combate de reserva, significa que me llaman cuando me necesitan. Por entrenamiento o por actividades de defensa”.
El sacrificio no es solo personal. Driquez es padre de tres hijos de 12, 11 y 5 años.
“A veces tengo que verlos a los ojos, darles un beso y salir con mi uniforme. Ellos saben que me voy a arriesgar. Mi esposa también lo sabe. Pero entienden que lo hago por ellos”.
Aunque el uniforme haya cambiado, para Mike la lucha sigue siendo por los mismos valores.
“Antes defendía a mi país desde el frente diplomático. Hoy lo hago desde el frente militar. Pero en el fondo es la misma guerra: la guerra por la libertad, por la vida, por el derecho a existir”.
Desde su perspectiva, el conflicto no es solo territorial o militar, sino profundamente ideológico.
“Estamos luchando contra un odio irracional, contra grupos terroristas que no buscan la paz ni la convivencia. Ellos quieren borrarnos del mapa. Pero no lo van a lograr. Nosotros vamos a vencer, porque defendemos la vida, la libertad y la dignidad humana”.
La historia de Mike Driquez es el testimonio de alguien que decidió dejar atrás la comodidad de una vida diplomática para ponerse en la primera línea de combate. Un hombre que, como tantos otros, eligió la defensa de su pueblo por encima del confort personal.
“Me tocó cambiar el escritorio por el fusil, pero estoy en paz con esa decisión. Porque cuando uno defiende lo que ama, no hay espacio para el miedo”, concluye.

